Despierto del letargo, y oxidadas están mis manos, mis nudillos se están quejando; me repudian, piden ser apartados, piden ser separados de estas torpes manos… pero no voy a hacerles caso, porque he aprendido de ti, soy solo un descarado.
Hueles delicioso… ¿Te lo dije alguna vez? Sin embargo a ti no debo acercarme pues tu fragancia se estropea a mi contacto, se escapa entre mis dedos y me dejas sabor amargo, fragancia fétida… me he incinerado.
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